26 febrero 2010

Binnacle Seventy-fourth Typing: Ironías del destino

Tercero

[Somos hijas del Verbo Encarnado]

Y Erika todavía no me dice su nombre cuando comenta que no tengo el menor sentido del gusto y de la moda al verme llegar, y yo no entiendo cuál es la diferencia entre su uniforme y el mío si nuestras madres los compraron en la misma tienda y la mía sí logró levantarse temprano para planchármelo.

[¿Hay acaso nobleza mayor?]

Y no puedo evitar rechinar los dientes y concentrarme en la mezcla de sodas que estamos haciendo en nuestros vasos, cuando escucho a unas compañeras de otro salón cantar canciones de Luismi o los temas de "dos mujeres un camino", "cuna de lobos", "te dejaré de amar" o "la telaraña", en vez de cantar canciones de la misa de la que acabamos de salir, de Cri-crí o ya de perdido de plaza sésamo; y no comprendo como pueden ponerse a ver cosas tan aburridas en la televisión cuando yo me estoy muriendo por saber en qué queda la lucha de los caballeros del zodiaco contra el malvado caballero de mi signo, la de Gokú contra la Armada del Listón Rojo para recuperar las esferas del dragón y la de la pobre Heidi que quiere regresar con su abuelito a las montañas.

[¡Invoquemos su nombre sagrado]

Y Pao se encierra en uno de los baños gritando "no me quebré nada, no me quebré nada" cuando le dije que por haberse pegado con el bebedero le van a tener que enyesar la boca igual que su brazo que se quebró patinando, y como no podrá comer le tendrán que inyectar la comida que haya hecho pasar por la licuadora.

[y entonemos un himno en su honor!]

Y ahí va mi pobre madre a cita con miss Maru a defenderme por decir que sí se puede restar un número grande de uno más chico si la ranita brincaba para el lado contrario del cero en la regla y le ponía una rayita horizontal al resultado, y que para los imaginarios tenía que ponerles una "i" y brincar para arriba o para abajo.

[¡Y entonemos un himno en su honor!]

Y se me olvidó entregarle a mis papás la circular en que decía que tenían que venir a la escuela para la entrega de medallas CCVI que era parte del uniforme de gala y distintivo de la institución. Por lo tanto invento que no podrán venir y miss Chely escoge papás honorarios para que me pongan la medalla. También olvidé decirles que al día siguiente saldría a las 12 así que me quedaré hasta las 2 jugando damas chinas con sor Silvia en la sala de música del internado y al final me regalará una paleta por haberle ganado.


Primero

[Verbo Eterno, tus hijas amantes]

Y yo no le encuentro ni lo cívico ni lo ético a tener a todo el colegio de pie por más de una hora formando filas chuecas bajo el ardiente sol observando a nuestras compañeras chirotear vestidas sólo ellas saben de qué para conmemorar fechas que sólo recuerdan por que no hay clases.

[a Ti claman con férvido anhelo]

Y Cynthia se escabulle hacia el mandarino del internado para robarse las frutas, ya que Vane distrae a miss Tere fingiendo haberse caído del pastel y lastimarse la rodilla; no saben que es mucho más fácil darse vuelo en los columpios de cadena hasta que estás más alta que la barda para alcanzar las mandarinas sin problemas y echártelas dentro del chaleco hasta que aterrizas.

[y elevan los ojos al cielo]

Y Nancy se queda dormida bajo la última banca de la capilla, aprovechando que las luces están apagadas y que sor Martha, sin los lentes que la niña trae en la mano, nunca podrá descubrirla.

[esperando les muestres tu faz]

Y miss Beatriz está harta de escuchar "ricos tacos al vapor, ricos elotes desgranados, rica fruta en vaso, ricos raspados de sabores" cada octubre de vendimias para las misiones desde que trabaja ahí y nos pone a hacer planas de sinónimos de la palabra "rico", rompiendo así con una tradición ancestral pasada de generación en generación de alumnas ceceveítas.


Segundo

[Sus plegarias acoge benigno,]

Y Ana hace huir de terror a Mary y Ely al decirles que una monja se desnucó al caerse por la escalera del coro en la capilla, que los intendetes la enterraron debajo de la escalera para que nadie se diera cuenta y que por no llevarla al cementerio la monja se aparecía para comerse a las alumnas que subían por ahí.

[a sus ruegos inclina Tu frente]

Y el villancico que nos tocó cantar me parece la cosa más sin sentido del mundo, puesto que dudo que Santa María conociera el chocolate y mucho menos que se pusiera a venderlo a los pastores, y Samarita va le dice esto a miss Ale, sólo por que le pisé las cintas del tenis por accidente y se cayó mientras regresábamos al salón.

[y de gracia copioso torrente]

Y ahí va don Joaquín con la escalera de 4 metros que usa para rasurar las palmas, a bajar a Betty del caracol después de que Lula la retó a subirse, mientras sor Sarto y miss Tanis se jalan los cabellos al descubrir que Astrid lleva llorando ya 15 minutos ininterrumpidos debajo de la bota por que Malena le contó que al final de la telenovela el tal fulano se muere y la muchacha se queda sola.

[en sus almas derrama, Oh, Señor.]

Y Dulce ahoga sus papitas en la misteriosa salsa de la jarra mientras Marianna baña en miguelito una paleta de limón. Fanny se compra casi todo el bote de fresitas vero y Barbie el de bolitas, dejando sólo los tamarindos enchilados para Lucy y Ofe, que de todas maneras Bren les quita y se come.


Tercero

[Somos hijas del Verbo Encarnado]

Y el primer día de clases miss Armida nos da la bienvenida y se queda viéndonos a Andy, Yamilé y a mí al decir que ella no anda preguntando los historiales de sus alumnas, que para ella todo es borrón y cuenta nueva, y que espera que nos llevemos bien.

[¿Hay acaso nobleza mayor?]

Y Alma tira un cañonazo a la portería imaginaria, que ni Vero ni Lore se atreven a detener, por lo que mi pelota va y revienta la puerta de cristal de la coordinación de deportes.

[¡Invoquemos su nombre sagrado]

Y Steph y yo entramos hechas las mochas en el pasillo de laboratorios de secundaria para que, en el entronque al final, yo me meta en la sala de juntas que tiene salida al patio trasero, y ella agarre en la dirección opuesta hacia el patio del colegio y así despistar a sor Bernardina que pese a sus años no podemos dejar atrás y todo por una triste florecita que cortamos de sus rosales

[y entonemos un himno en su honor!]

Y Nora se pone a recitarse incoherencias en el rincón trasero del salón para que Marthis las escuche y vaya con el chisme de que está loca, para que al final todos crean que la loca es otra

[¡Y entonemos un himno en su honor!]

E Ilse y yo nos damos de moquetazos en la plazoleta del Bosque, bajo la mirada atenta de nuestras respectivas amigas, quienes esperan que se decida si nos van a dejar de robar nuestros dulces o nos van a seguir molestando; pero no debemos hacer mucho ruido por que don Mónico duerme haciendo como que vigila el portón y nos meteremos en problemas si lo despertamos y nos descubre ahí.



Cuarto

[Corazones a Ti consagrados]

Y miss Rosy hace lo mismo que harán miss Rosario y miss Tere los años subsecuentes: me cambia al lugar en que ahora está Clau; luego arrastra mi nuevo banco hasta casi incrustarlo en el pizarrón y me dice que espera que yo disfrute mi nuevo y permanente lugar al frente del grupo. Sólo miss Rosy al menos tendrá la vaga esperanza de que podrá reintegrarme a las filas para el segundo mes, pero más tarde sufrirá un desengaño tremendo cuando le aviente mi bordado terminado y perfecto a la cara diciéndole que no yo estoy estudiando para ser costurera ni artesana sino paleontóloga y que deje de ponerme a hacer sandeces que puedo acabar más rápido que ella misma.

[y que tienen por único anhelo]

Y Eve va y le chismea a la maestra de computación cuyo nombre nunca me aprendí, que ya descompuse la computadora por que en mi pantalla salen barajitas sobre un fondo verde en vez del juego de relacionar las virtudes con las buenas acciones. En el camino de regreso al salón, Pau se sube a la barda del pasillo del tercer piso a tocar la campana con que sor Hilda anunciaría el Angelus en unas horas más. Después Miriam se resbala por la baranda de la escalera por la que pasamos.

[extender Tu reinado en el suelo]

Y todo mundo abraza a sor Tere el último día de preparación a la comunión, incluso yo por que, aunque me cae mal, abrigo la esperanza de que no me mande con sor Gloria cuando descubra que rompí un jarrón de la sala de juntas de psicoloalgo en donde se suponía que nunca debía entrar ninguna alumna.

[que por patria les diste, Señor.]

Y le digo a miss Rosy que si quiere ponerme a dibujar en la computadora me deje usar corel draw o de perdido paint, y no ese endiablado triangulito que no tiene pero para nada cara de tortuga de logo y que se tarda 5 minutos en hacer una línea 6 pixeles más grande de lo que debería, o que si me deja un ratito con el edit le podía hacer una de esas marquesinas con puras letras que forman figuras y que los novedosos de unos cuantos años más tarde llamarán arte ASCII.


Quinto

[Son ¡Oh, Cristo! las huestes triunfantes]

Y mamá pensó que hoy haría frío así que no me empacó mi traje de baño ni el resto de mis cosas para que no las cargara en vano por que seguramente cancelarían las clases de natación; así que me quedaré una hora entera en la banca asándome como lagartija, mientras todas las demás se tiran clavados o salpican al profe Villalobos.

[que a tu nombre su vida ofrendaron]

Y Massiel grita y se le cae la guitarra cuando a Selene se le revienta una cuerda de la mandolina y le da en la cara. Se cae la gradería y la maestra Lupita no encuentra qué hacer ante la estudiantina que se le viene encima

[y en la lucha gloriosa clamaron:]

Y ya estoy en dirección de nuevo por que no me di cuenta que Jenny estaba detrás de mí cuando murmuré "mugrosa teacher" después de que me regañara por andar resolviendo antes de tiempo los ejercicios del libro de inglés.

[¡Gloria, gloria para Ti, Rey inmortal.]

Y llega la ambulancia por el profesor Villalobos a quien Karla le rompió una pierna por andar lanzando el disco antes del silbatazo en las pruebas de las olimpiadas intercolegiales. El profesor Pepinillo Torombolo intenta poner orden pero la clase se vuelve fiesta pese a sus gritos; a él nadie lo respeta y lo peor es que lo sabe.


Sexto

[Somos hijas del Verbo Encarnado]

Y sin que las maestras o coordinadoras se den cuenta, Rebe y Eva abren las cajitas de lápices que metieron de contrabando y rolan las papitas con que las llenaron mientras vemos ese chocante largometraje animado gringo mezcla de Aladino y Alibabá en la megapantalla del teatro

[¿Hay acaso nobleza mayor?]

Y la hermana honoraria Margarita brinca y se desbarata tratando de alcanzar el techo y hasta se le sale una chancla, todo para ilustrar lo mucho que Dios nos quiere, justo después de mandarme a ver a miss Lolis a la dirección por andar tratando de entender en qué parte del Génesis cabía la que no descubrí que se llamaba teoría darwiniana sino hasta secundaria.

[¡Invoquemos su nombre sagrado]

Y Mildred y yo estamos hartas de escuchar a la cordi Lucy desvariar sobre las matemáticas "avanzadas" en inglés mientras Arely e Ivonne hacen como que entienden qué es una variable. Entonces nos ponemos a mandarnos mensajes en bolas de papel de un lado a otro de la oficina en que estamos sólo nosotras cuatro, y dónde siempre me imagine que una lechuza o un cuervo encontrarían un hogar más que perfecto si tan sólo hubiera un candelabro y una calavera en el escritorio en vez del pisapapeles de libélulas y brillantina que tantas ganas me daban de tirar al suelo a ver si era de vidrio.

[y entonemos un himno en su honor!]

Y de nuevo Ruth, Iris y Mónica se sientan a comer el lonche en el medio del diamante que desde septiembre hicimos de la mitad de la cancha de basket ball; por lo que nuestra final clandestina de foot base Las Princesas contra Las Locas tendrá que esperar hasta que sus majestades decidan integrarse a sus respectivos equipos; está claro que lo harán después de intercambiar opiniones acerca de qué cantante es más guapo que tal otro y si son gays o no.

[¡Y entonemos un himno en su honor!]

E Ysar estructura la disertación que le dará a miss Marta sobre la diferencia entre el vandalismo y el arte on marcador indeleble en los pupitres recién comprados, al hacerle compañía a Chayo que espera su turno para hablar con miss Magdalena en la coordinación por andar gritando groserías en el salón, pero les parece que Dinora no va a acabar pronto de explicarle a la pobre licenciada los grandes beneficios de maquillarse con los gises de colores de miss Rosalba.

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